El día que Pacheco me humilló


Fernando González Pacheco. 1932 - 2014
Un buen día, el buen Pacheco nos arrebató el micrófono y se adueñó del show. Una historia real de los noventas que viví con este maestro de maestros.


En los ochentas y noventas, los niños colombianos consumíamos televisión colombiana. Había televisión infantil criolla y espectáculos en vivo que nos enloquecían.


Yo tuve la fortuna de hacer parte del apasionante mundo del espectáculo infantil. María Angélica Mallarino dirigía el grupo “Los Monachos”, del que hice parte entre 1988 y 1994, desde los 10 hasta los 16 años. Y aquí va la historia.


Cierto día en 1988, Los Monachos fuimos a Do Re Creativa TV, la programadora del gran Jimmy Salzedo, famoso por el musical que llevaba su nombre: El Show de Jimmy.

Fuimos a grabar algo allí en un pequeño estudio cerca dela calle 90 en Bogotá, para un programa de televisión. 

Lo que más me impactó, en ese momento, a mis 10 años, además del solo hecho de estar allí en las oficinas de Jimmy, fue la presencia de Pacheco. El buen Pacheco.


Llegó muy sonriente, saludó a María Angélica (la mona como todos le decíamos) y luego nos dio un abrazo, una palmadita en la espalda o una despeinadita a los niños del grupo. Yo me sentía en la gloria (Valencia).


María Angélica y Los Monachos. Revista Click de El Espectador 1990.
Años más tarde, en el 93, hicimos una presentación en el Parque El Salitre de Bogotá. Ya no recuerdo la ocasión. 

Hubo un momento en el que nos presentábamos hasta 6 u 8 veces por semana, desde espectáculos callejeros gratuitos, hasta en sofisticadas comedias musicales en el Teatro La Castellana o el Colón y de gira por todo el país. 


Éramos los llamados a abrir teletones, caminatas, centros comerciales... íbamos por todo el país llevando un mensaje de paz, muy oportuno para la época fuerte del narcotráfico.

El caso es que ese día del 93, la mona NO fue al show. 

Sin la mona, el show no era show. María Angélica era la estrella. Los Monachos solos no éramos nada. La mona andaba triste y nosotros no entendíamos nada.


Mucho después vinimos a entenderla gracias a un artículo de Semana en el que hablaba de su problema neurológico que la hacía sentir pánico.


Sin la mona, por más de que cantáramos y bailáramos, faltaba la magia y el entusiasmo que ella le ponía al show. Los más grandes en ese momento, éramos Valentina López y yo (andaba tragado de ella, por demás).


HICIMOS EL RIDÍCULO


Valentina y yo.
Para ese entonces, Valentina hacía parte del elenco de Peter Pan, el musical protagonizado por María Cecilia Botero y dirigido por David Stivel. 

Yo llevaba 5 años en el espectáculo, éramos unos deliciosos adolescentes quinceañeros, y los de mayor experiencia, así que vimos necesario adueñarnos del tema y salvar el espectáculo.

Hicimos todo lo posible para entusiasmar al público. 

Contamos chistes, intimidades, hicimos participar al público pero todo era en vano. Éramos pésimos, al parecer. Al final, lo único que hicimos fue el ridículo.


Incluso tratamos de engañar al público, pero chito, shhhhhhito. Como Valentina era mona (rubiecita ella), dobló algunas canciones de María Angélica. Algunos se lo creyeron, supongo, pero la gente quería ver a la mona y todo iba pésimo como nunca jamás nos había pasado.


María Angélica Mallarino
De hecho, era una presentación un día entre semana, para una obra de beneficencia. Y como era entre semana, no estábamos todos los Monachos. Solo los más intensos que faltábamos a clase por andar de artistas (de hecho, ese año perdí noveno por Monacho intenso). Eso agravaba el asunto porque no estábamos todos los niños del show.


De repente, de la nada, llegó Pacheco con un traje marrón. No sé en qué momento resultó sobre el escenario y literalmente nos arrebató el micrófono: “Presten para acá”, dijo.


Con solo saludar, el público se emocionó. No sé qué par de cosas dijo pero salvó el show. Me preguntó el nombre de la siguiente canción, nos presentó, se inventó un rollo sobre el tema de la canción, rodó la música e hicimos lo nuestro.


¡Nos humilló totalmente! Como “vengan chinos les enseño como es esto”. Y digo nos humilló, claramente en el buen sentido de la palabra. Nos enseñó cómo es que se anima al público. Ese día nunca lo olvidaré, no solo por estar con él en el mismo escenario, sino porque dejó ver qué es un talento de verdad.


En su caso, la improvisación, la tranquilidad, el entusiasmo y el alegrar a todo el que tenía contacto con él, eran sus dones, sus talentos.


Después de la primera canción, le di un listado de las canciones que seguían, le conté de qué se trataban y lo que la mona solía hacer para introducir cada tema y mantener viva la atención del público.


Él no conocía las canciones pero se apropió del tema de tal manera que parecía un miembro más del grupo. Interactuaba con Valentina y conmigo y convirtió en un par de segundos y solo con su energía, lo que era hasta el momento, el peor show de Los Monachos, en el más inolvidable y aplaudido.


¡Grande Pachecolo! Su retiro de la tele coincidió con la llegada de los canales privados y el ocaso de lo que fue la buena televisión colombiana.

* Video de "Nos tomaremos el mundo".
* Video de "Pasaporte a la imaginación".
* Primer capítulo "Llegaron Los Monachos"

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